Datos, educación y referentes para abrir oportunidades a niñas y jóvenes
La ciencia y la tecnología forman parte de muchas de las respuestas que hoy necesitan las sociedades: mejorar la salud, cuidar el medioambiente, impulsar la innovación, transformar la educación y desarrollar soluciones para problemas reales. No obstante, no todas las personas tienen las mismas oportunidades para acercarse a estos campos desde edades tempranas.
En el caso de las niñas y jóvenes, esta brecha sigue siendo especialmente importante. Muchas veces el talento existe, pero faltan referentes, orientación, apoyo o acceso a experiencias educativas que les permitan imaginarse dentro de una carrera científica o tecnológica.
Aquí entra el concepto STEM, un acrónimo en inglés que agrupa cuatro áreas clave: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Sus siglas vienen de Science, Technology, Engineering and Mathematics. Hablar de mujeres en STEM significa hablar de la participación de niñas, jóvenes y mujeres en campos que hoy son fundamentales para la innovación, la sostenibilidad, la salud, la investigación y la transformación digital.
Sin embargo, la participación de mujeres en estas áreas sigue siendo baja a nivel global. La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) señala que las mujeres representan solo el 35 % de las personas graduadas en STEM, una cifra que se ha mantenido prácticamente sin cambios durante la última década. Esta brecha no solo limita oportunidades personales, también reduce el talento disponible para resolver problemas sociales, científicos y tecnológicos.
En Guinea Ecuatorial, esta conversación adquiere un valor especial porque todavía existe una falta de datos oficiales desagregados por género sobre el perfil académico y las trayectorias profesionales de las mujeres en el país. Sin esa información, es más difícil diseñar políticas, campañas educativas o estrategias de sensibilización basadas en evidencia real.
Por eso, el caso de Guinea Ecuatorial permite plantear una pregunta importante: ¿qué condiciones necesitan las niñas y jóvenes para imaginarse dentro del futuro científico de su país?
Responder a esta pregunta implica mirar más allá del acceso a la educación. También exige comprender qué piensan las estudiantes, qué carreras les interesan, qué barreras encuentran y qué apoyos necesitan para acercarse a áreas científicas y tecnológicas.
Una brecha que empieza antes de la universidad
La baja presencia de mujeres en carreras científicas no empieza en la universidad. Muchas veces comienza antes, cuando las niñas y adolescentes todavía están construyendo su idea de futuro.
Por eso, no basta con decir que “las niñas pueden estudiar ciencia”. También hace falta que tengan información, orientación, apoyo familiar, referentes femeninos, recursos educativos y confianza para elegir esos caminos.
El problema no siempre es la falta de talento. Muchas veces es la falta de acceso, visibilidad y acompañamiento. Una joven puede tener interés por la ciencia, pero si no conoce mujeres científicas, si no recibe apoyo o si siente que esas carreras no son para ella, es más probable que descarte esa posibilidad.
Guinea Ecuatorial: datos para entender mejor la realidad
En Guinea Ecuatorial, un estudio desarrollado desde la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial buscó recoger datos sobre las aspiraciones y percepciones de estudiantes mujeres hacia carreras STEM en Malabo. La investigación se basó en encuestas aplicadas a alumnas de primaria, secundaria y bachillerato.
Este punto es clave porque, sin datos, es difícil diseñar acciones efectivas. No se puede responder bien a una brecha si no se sabe qué piensan las estudiantes, qué carreras les interesan, qué obstáculos enfrentan o qué apoyos necesitan.
Medir permite pasar de la intuición a la evidencia. Y esa evidencia puede servir para crear mejores campañas educativas, programas de mentoría, acciones de sensibilización y estrategias para acercar la ciencia a las más jóvenes.
Qué muestran los primeros resultados
Los primeros resultados del estudio muestran que existen aspiraciones profesionales vinculadas con la ciencia, la tecnología y otros campos de formación superior. Entre las carreras mencionadas por las estudiantes aparecen áreas como Medicina, telecomunicaciones, informática, ciencias económicas, ingeniería civil, derecho y ciencias de la información.
Este resultado permite ver que las jóvenes sí proyectan intereses académicos y profesionales diversos. Sin embargo, más que cerrar conclusiones, estos datos abren una línea de análisis importante: entender qué información reciben las estudiantes, qué carreras identifican con mayor claridad y qué factores influyen en sus decisiones académicas.
Por eso, el trabajo no consiste solo en motivar a las estudiantes. También consiste en ofrecer información clara sobre distintos caminos posibles: tecnología, investigación, salud, ingeniería, datos, medioambiente, informática, energía, telecomunicaciones y otras áreas donde la ciencia puede convertirse en una oportunidad de futuro.
Las barreras no son solo económicas
El estudio también identifica barreras importantes como la inseguridad, el miedo, la falta de motivación, los recursos económicos limitados y el apoyo familiar insuficiente.
Esto es importante porque demuestra que la brecha STEM no se resuelve solo con abrir más plazas educativas. También es necesario trabajar la confianza, la orientación y el entorno social de las estudiantes.
Una joven puede tener interés, pero no contar con apoyo. Puede querer estudiar una carrera científica, pero no saber cómo llegar a ella. Por eso, las soluciones deben combinar educación, acompañamiento, referentes y acceso real a oportunidades.
Referentes y mentoría: una parte clave del cambio
UNESCO destaca que la mentoría, la visibilidad de mujeres en ciencia y los modelos a seguir son importantes para combatir estereotipos y animar a más niñas a participar en áreas STEM. También señala la necesidad de fortalecer la formación docente y promover entornos educativos más inclusivos.
Esto tiene mucho sentido en contextos donde las estudiantes no siempre ven mujeres científicas, ingenieras, investigadoras y tecnólogas en su entorno cercano.
Ver a una mujer trabajando en ciencia puede cambiar la percepción de lo posible. Escuchar su experiencia puede ayudar a una estudiante a imaginar su propio camino. Y tener acompañamiento puede marcar la diferencia entre abandonar una idea o atreverse a construirla.
Ciencia, educación y desarrollo
Impulsar la participación de mujeres en STEM no es solo una cuestión de igualdad. También es una estrategia de desarrollo.
Cuantas más niñas y jóvenes acceden a la ciencia y la tecnología, mayor es la capacidad de un país para formar talento, innovar y dar respuesta a sus propios retos. En Guinea Ecuatorial, fortalecer estas vocaciones puede contribuir a crear capacidades locales en áreas clave como salud, educación, tecnología, sostenibilidad e investigación.
La ciencia tiene más impacto cuando no se queda en espacios cerrados, sino cuando llega a las aulas, a las universidades y a las comunidades. Para que esto ocurra, es necesario que más jóvenes, incluidas más mujeres, puedan participar en su construcción.
Por eso, promover la participación de mujeres en STEM no solo amplía oportunidades individuales, también fortalece el futuro científico y social del país.
Crear condiciones, no solo mensajes
El futuro científico de Guinea Ecuatorial no depende únicamente de decirles a las niñas que pueden estudiar ciencia. Depende de crear condiciones reales para que puedan imaginarlo, formarse y lograrlo.
Eso implica generar más datos, abrir espacios de orientación, visibilizar referentes femeninos, fortalecer la educación científica y acompañar a las estudiantes en sus decisiones académicas. También implica escuchar sus intereses, comprender sus barreras y diseñar acciones que respondan a su realidad.
Desde InterTech Cooperación entendemos la ciencia y la educación como herramientas para ampliar oportunidades. Por eso, hablar de mujeres en STEM no debería quedarse solo en un mensaje de motivación, sino convertirse en una línea de trabajo capaz de conectar datos, formación, cooperación y acompañamiento.
Impulsar la participación de más niñas y jóvenes en áreas científicas requiere crear entornos donde puedan acceder a información, reconocer referentes, desarrollar confianza y encontrar caminos posibles hacia la ciencia, la tecnología, la investigación y la innovación.
Porque no basta con decirle a una niña que puede ser científica. También hay que crear las condiciones para que pueda imaginarlo, formarse y construir su propio camino.
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