Educación científica, sostenibilidad y oportunidades para niñas, niños y jóvenes
La ciencia no debería quedarse únicamente en laboratorios centrales, universidades grandes o ciudades principales. También debe llegar a los territorios, a las escuelas rurales, a las comunidades educativas y a los espacios donde niñas, niños y jóvenes pueden usar el conocimiento para comprender mejor su realidad.
En Colombia, distintas iniciativas recientes evidencian una apuesta por acercar la ciencia a todos los territorios. Un ejemplo de ello son los Clubes de Ciencia Colombia, que reflejan el creciente interés por fortalecer la educación científica y la apropiación social del conocimiento en el país. Estas iniciativas demuestran que no se trata únicamente de enseñar contenidos científicos, sino de generar experiencias de aprendizaje en las que los estudiantes puedan observar su entorno, formular preguntas, investigar y proponer soluciones a los desafíos de sus comunidades y del contexto actual.
Esta es la diferencia entre entender la ciencia como un concepto amplio y promover una ciencia más democratizada: una ciencia que llega a las comunidades, forma capacidades locales y contribuye a transformar realidades desde cada territorio.
La ciencia también nace en los territorios
Durante mucho tiempo, la ciencia ha sido vista como algo distante: laboratorios especializados, expertos, universidades y centros de investigación. Sin embargo, el conocimiento también puede construirse desde las comunidades, especialmente cuando se conecta con las necesidades del territorio.
En marzo de 2026, el Ministerio de Educación de Colombia puso en marcha los Clubes de Ciencia Colombia 2026, una iniciativa que desarrollará experiencias científicas inmersivas en regiones como Amazonas, Casanare, Chocó, La Guajira, Huila, Magdalena, Meta, Santander y Vichada. El programa busca fortalecer las vocaciones científicas de niñas, niños y jóvenes, además de promover la apropiación social del conocimiento en comunidades educativas rurales.
Esto es importante porque reconoce que el talento científico no está concentrado solo en las grandes ciudades. También existe en territorios donde muchas veces faltan oportunidades, recursos o espacios para experimentar con la ciencia de manera práctica.
Aprender ciencia investigando el propio entorno
Una de las ideas más valiosas de estas iniciativas es que los estudiantes no aprenden ciencia de forma aislada, sino que la trabajan a partir de preguntas relacionadas con su propio entorno: biodiversidad, seguridad alimentaria, transición energética, sostenibilidad, cuidado del agua o cambio climático.
Los Clubes de Ciencia se desarrollan mediante cursos presenciales intensivos, con trabajo de campo, acompañamiento de científicos nacionales e internacionales y una feria final donde los estudiantes presentan sus resultados. Según el Ministerio de Educación, esta estrategia busca que niñas, niños y jóvenes investiguen su entorno, fortalezcan su curiosidad y se reconozcan como protagonistas en la construcción de conocimiento.
Esta forma de aprendizaje es clave porque convierte la ciencia en experiencia. No se trata solo de memorizar conceptos, sino de observar, comparar, medir, preguntar y encontrar posibles respuestas. Cuando un estudiante investiga algo que ocurre en su comunidad, la ciencia deja de sentirse lejana y empieza a tener sentido.
Vocaciones científicas para abrir oportunidades
Formar vocaciones científicas desde edades tempranas también es una forma de abrir oportunidades. Muchas niñas, niños y jóvenes no se imaginan en áreas científicas porque no han tenido contacto suficiente con laboratorios, investigadores, proyectos o experiencias prácticas.
Por eso son relevantes los Centros de Interés en Ciencia, Tecnología e Innovación impulsados en Colombia. Estos espacios se relacionan con el enfoque STEM+, que integra ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, y busca acercar estas áreas a niñas, niños y jóvenes mediante experiencias prácticas, creativas y conectadas con su entorno.
En abril de 2026, el Ministerio de Educación destinó una inversión superior a los 5.000 millones de pesos para fortalecer 214 Centros de Interés en seis departamentos del país – divisiones territoriales administrativas de Colombia –: Antioquia, Bolívar, Putumayo, Nariño, Huila y Tolima. Esta estrategia busca promover la comunicación científica, las habilidades del siglo XXI, la apropiación social del conocimiento y el cierre de brechas en el acceso y uso de tecnologías.
Ciencia para responder a problemas reales
La ciencia territorial tiene más fuerza cuando se vincula con problemas concretos. En Colombia, la educación ambiental y las Olimpiadas STEM+ están conectando el aprendizaje científico con temas como agua, aire, energía, cambio climático, protección de ecosistemas y uso responsable de recursos naturales.
El Ministerio de Educación informó que Colombia cuenta con 2.823 Centros de Interés de Educación Ambiental activos en los 32 departamentos del país. Además, en 2026, las Olimpiadas STEM promueven el trabajo de estudiantes y docentes en torno a retos concretos como la calidad del agua, la calidad del aire, la eficiencia energética y la búsqueda de soluciones sostenibles desde los territorios.
Este enfoque es importante porque muestra que la ciencia no es solo teoría: puede ayudar a cuidar el agua, entender el cambio climático, proteger ecosistemas, mejorar procesos productivos o pensar soluciones tecnológicas accesibles para comunidades con necesidades específicas.
Cuando la educación científica conecta con el territorio, los estudiantes no solo aprenden sobre el mundo: aprenden a intervenir de manera responsable.
Del territorio a las redes de conocimiento
La ciencia local también necesita conectarse con redes más amplias. No basta con formar estudiantes en sus comunidades si luego no existen caminos para continuar investigando, acceder a educación superior o participar en experiencias de cooperación científica.
En esa línea, programas como Nexo Global, de Minciencias, ofrecen a estudiantes de pregrado una primera experiencia internacional de investigación en áreas como ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y ciencias agropecuarias. Su objetivo es promover la vocación científica, conectar a los jóvenes colombianos con redes internacionales de conocimiento y fortalecer una cultura que valore la investigación.
Este punto permite entender que la ciencia desde los territorios no debe quedarse aislada. Puede empezar en una escuela, fortalecerse en una universidad y proyectarse hacia redes nacionales e internacionales de conocimiento.
Ciencia, educación y transformación social
El caso de Colombia muestra una idea importante: que la ciencia transforma cuando se acerca a las personas. Cuando llega a las aulas, a las regiones, a los docentes, a las comunidades y a los estudiantes que pueden convertir el conocimiento en acción.
En InterTech Cooperación entendemos este tema desde una idea clave: la educación científica genera desarrollo cuando fortalece capacidades locales, reduce brechas y abre oportunidades reales para la infancia y la juventud.
La ciencia no debería concentrarse en pocos espacios, sino estar presente en más territorios donde también existe talento y potencial. Porque el talento también está en aquellas comunidades que necesitan acceso para desarrollarlo.
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